Mi verdad sobre el colon irritable.

Hace mucho tiempo que quería hablar sobre lo que significa para mí y en mi vida el “colon irritable”.

Me gustaría contaros cómo lo sufro y qué hago para paliarlo, escribir esta historia no es fácil para mí.

Quiero recalcar que esta es mi opinión y mi vivencia, no todo el mundo lo vive igual, si esto es así para ti o es diferente y te gustaría comentar no dudes en hacerlo.

Esta es mi historia.

Desde que era bien pequeña padecía de dolores de tripa y de diarreas cuando estaba nerviosa. Mi madre siempre dice que yo era una niña tímida y temerosa, dice que tenía siempre miedo de no ser aceptada y eso la verdad es que es algo que me sigue pasando, aunque conozco la teoría de que no podemos gustar a todo el mundo…
A medida que fui creciendo esto fue pasándome con más asiduidad, sobre todo en la universidad, aunque era algo sin importancia que parecía pasarle a muchos de mis compañeros, llega un examen pues me cago por las patas literal, retortijón, que no es agradable para nadie, visita al señor roca y listo.
Acabé la universidad y empecé a trabajar y ahí empezaron a agravarse los síntomas, mucho dolor, demasiado dolor, dolor extremo, y ahí desmayo, sí, empecé a perder el conocimiento, un síncope vasovagal debido al dolor como mecanismo de defensa de mi cuerpo a un dolor insoportable, según los médicos.
Me hicieron de todas las pruebas posibles, alérgicas, digestivas… todas negativas, el médico fue muy claro: “Usted tiene un colon irritable o un síndrome de intestino irritable” (sé que debería ponerlo en mayúsculas pero me niego rotundamente).
Ahí empecé a coger mucho miedo, miedo a perder el conocimiento conduciendo o en mitad del trabajo, miedo al dolor, miedo al malestar.
Esto era un círculo vicioso porque a más miedo más somatizamos y vuelta a empezar, además los médicos se encargan de decirte que esto es emocional, por lo que cada vez que me ponía nerviosa me sentía culpable por ponerme nerviosa porque entonces podía desencadenar todos los síntomas. Además del médico, la gente también se encarga de decirte que es tu culpa responsabilidad, inocentemente, pero se encargan, incluso los más cercanos “María, es que te pones muy nerviosa con todo, te lo tomas todo a la tremenda y entonces te pones mala” “María, no te pongas así que al final te pones mala”.
Con el tiempo empecé a entender mi cuerpo y a informarme por Internet y por libros como “Vivir con El Síndrome de Intestino Irritable Y Dispepsia Funcional: G- Escarti Carbonell Eduardo” y “Colon Irritable: una historia real: Esther Martí Barrios“…porque los médicos nunca me informaron de nada.
Empecé a ver que somos muchos los que padecemos esta “enfermedad” un 20% de la población, que es una enfermedad psicosomática, es decir, emociones que se representan físicamente, que además esta enfermedad es muy complicada de llevar porque te invade todas las áreas de tu vida, tiene absentismo laboral y crea dependencia. También me dí cuenta de lo poco que está investigada esta enfermedad en el mundo de la medicina y de lo poco que importa, también esto es debido a que aunque lo puede padecer un 20% de la población, muy pocos de ese porcentaje acuden a su médico.A pesar de que esto es fácil de entender, la mayoría de la gente no suele entenderlo, y mucho menos tu médico, a no ser que des con uno con cierta empatía, generalmente te dicen que esto es así y ya está.

En mi caso particular, esta “enfermedad” me crea mucha dependencia, como el dolor es tan fuerte y pierdo el conocimiento, necesito una persona conmigo todo el tiempo cuando estoy mal.

En 2008 toqué fondo, estuve de baja mucho tiempo, los médicos me hicieron un sin fin de engorrosas pruebas (colonoscopia, enema opaco, gastroscopia…), pero nunca salió nada.

En ese momento busqué ayuda psicológica privada, aprendí ciertos recursos que me ayudaron a sobrellevar la situación, como reestructuración cognitiva, relajación, pruebas de realidad. Esta terapia fue crucial para mí, empecé a no “tomarme las cosas a la tremenda” y a relajarme, y esto era muy importante porque en mi caso cuando me daban los dolores muy fuertes, la ansiedad podía conmigo y los dolores eran aún más fuertes y los episodios eran mucho más largos. Con la terapia conseguí reducir esto y es hoy lo que me ayuda, y con lo que consigo ayudar a los pacientes que acuden a mí con esta dolencia.

Pero hay un tema que es de vital importancia, por mucho que trabajé esto, nunca conseguí quitármelo del todo, porque por mucho que los médicos y los demás te digan que esto es emocional, no podemos pedirles a las personas que dejen de sentir, sólo podemos aprender a gestionar las emociones de otra manera, pero siempre estarán ahí porque las emociones son necesarias y porque somos humanos y sentimos, esto es así, no es culpa tuya, es por esto que esta enfermedad es crónica.

Pasé unos años buenos, con los recursos que desarrollé, sólo tuve casos aislados, después tuve a mi primer hijo en 2011 y estuve bastante bien todo controlado, podía darme un caso puntual cada mes más o menos.

En 2013 volví a tocar fondo de nuevo, tuve que cogerme una baja muy larga, en la que también me sometieron a las mismas pruebas que la vez anterior, cuando no salió nada el médico decidió que todo esto era por “los nervios”, y nervios tenía por supuesto, me ponía bastante nerviosa caerme redonda en la calle o no tener un baño a mano o ir en el coche con mi hijo y marearme y tener un accidente.
Me mandaron un ansiolítico, que la verdad sí que me relajó un poco pero que no me quitó los síntomas del colon irritable.

Como  los síntomas seguían estando, y los médicos no me podían ayudar más, empecé a probar medicina alternativa, fui a naturopatía, iridiología, acupuntura, terapia craneosacral, cambié la alimentación y el estilo de vida, estas terapias consiguieron que yo tuviera más control sobre la enfermedad y no la enfermedad sobre mí, aprendí cosas sobre mi cuerpo, como que comer grasas, o comidas copiosas, o mezclar comidas o ir de tapas o beber alcohcol son bombas de relojería para tu colon, pero sin ellas también me pasa. Aprendí que tienes que estar en sintonía con tu cuerpo, que tienes que cuidar la relación mente cuerpo, que el estrés y la ansiedad tienen que ser los justos y que todo esto se consigue día a día.

Un año y pico más tarde, tuve a mi segundo hijo, los casi 5 meses de baja por maternidad fueron los mejores de mi vida, si tuve algún episodio la verdad que no me acuerdo. Pero no tardó en llegar cuando me incorporé al trabajo, tuve una baja de las largas a finales de 2015, en la que me hicieron otra vez multitud de pruebas, las cuales todas negativas por supuesto, y ahora entre Abril y Mayo estoy pasando otra vez un pico importante. No pierdo la esperanza nunca de mejorar, hay muchas cosas que me funcionan, como decía la relajación, la reestructuración cognitiva y todo lo que aprendí en terapia me salvan muchas veces.

Pero aún así las crisis son muy destructivas para mí, tengo que estar de baja porque ya no son diarreas puntuales, son continuas, los mareos continuos, necesito ayuda casi para todo y ni hablar del miedo que me empieza a entrar y que me paraliza casi para hacer cualquier cosa, me debilito mucho por esto emocionalmente, como digo me da miedo cada paso que doy y tengo que hacer un trabajo personal muy fuerte para remontar, pero al final remonto, me niego a que esto sea el centro de mi vida aunque con las crisis parezca que lo es.

De todas maneras, esta enfermedad no sólo son las crisis o los casos puntuales, es tenerlo en la cabeza todo el tiempo y evitar que te afecte, salir de casa pensando cuánto de lejos está un baño, si vas en transporte público (cosa que yo evito casi en su totalidad) ir acordándote todo el camino de por qué no hay baños en el metro, sí señoras y señores, en algunos trenes de cercanías han puesto baño, en las estaciones de cercanías hay baños a los que puedes acceder, pero en el metro no hay baño ni en las estaciones, que digo yo que los de taquilla alguna vez tendrán que hacer pis, pero a eso baños no puedes acudir, te sientes atrapada… en el autobús lo mismo. Yo voy en coche a todas partes, pensando en que tenga que pararme en cualquier cuneta, o dejar el coche en doble fila en cualquier sitio para entrar a un bar al cual tendrás que pagar una consumición para poder usar su baño al menos 3 horas, y si voy con los niños ni os cuento.
O salir de viaje es todo un trabajo personal, si viajo dentro de España bueno, pero el coger un avión e ir a un país como Londres, al cual fui y me pasó que entré en tres bares que no tenían baño o eso decían.

Y luego está, por supuesto, la incertidumbre de no saber en qué momento o situación, te va a pasar, trabajando, de fiesta con tus amigos, esperando la cola del pan…

Pero lo que te hace sentir peor es cómo te tratan muchos de tu alrededor al respecto, no es sólo: “mírala como está con los nervios”, si no que hay muchas personas que piensan que tienes cuento, que quieres una baja por librarte de trabajar, o que eres demasiado débil o sensible, o simplemente que después de los años se cansan de “tu enfermedad”. Y, la verdad, nada más lejos de la realidad. En mi caso no me he rendido nunca, he seguido adelante a pesar del miedo, teniendo que sortear muchos obstáculos, habladurías y miradas, he tenido que enfrentarme a mis pensamientos negativos y a emociones muy desagradables que desembocaban en ataques de ansiedad, a situaciones incómodas.
Hay personas que a lo mejor están leyendo esto y que se han visto obligadas a renunciar a salir de casa para no tener que soportar lo que significa, esas personas son igual de fuertes sólo por pasar por esto y sufren, sufrimos, no pedimos mucho, quizá un poco de empatía, y saber que están a nuestro lado, un simple abrazo o un simple, “¿cómo te encuentras? si necesitas algo dímelo”, nada más, con lo demás ya lidiamos nosotros.

Tampoco quiero ser dramática, la verdad es que todo esto mejora entrenando los pensamientos derrotistas y catastróficos, aprendiendo a llevar tu enfermedad sin intentar luchar contra ella, y sobre todo aceptando quién eres, y cómo eres, desarrollando tus recursos personales y teniendo una vida saludable y sobre todo teniendo a gente a tu lado que te apoya y está contigo.
Con este post lo que me gustaría transmitir es, que si padeces esta “enfermedad” no te sientas sólo, no pienses que no hay salida, a pesar de lo que conlleva se puede llevar una vida totalmente normalizada y de calidad.
Si lo necesitas y quieres yo puedo ayudarte, no dudes en contactar conmigo y juntos encontraremos cuales son tus recursos y como usarlos para luchar con esta enfermedad.
Si, por el contrario, es un familiar tuyo o un amigo el que la padece, te pido que te pongas un poco en su lugar y en lo que le puede estar pasando, hay gente que la tiene que no le influye mucho en su vida cotidiana, pero a muchos nos influye y además es una enfermedad que debido a sus características, da vergüenza contar y expresar.
Si tú te sientes identificado con algunas de las cosas que digo o te pasan otras y necesitas ayuda o hablar, no dudes ni un momento en escribirme a maria.mendezmoya@gmail.com o contactar conmigo a través de Facebook o Twitter

Muchas gracias por leer.

4 comentarios

  1. Madre mia… Es algo muy duro y poco comprendido. Pero tu cada día te superas y lo haces mejor, has trabajado mucho en ello y has conseguido estar bien y vas a seguir haciendolo. Cada uno siente como siente y hay que aceptarlo,aceptarse a uno mismo y convivir con ello, me ha encantado como has descrito esa parte. Eres fuerte y vas a conseguir llevarlo cada vez mejor y sin perder el sentido del humor q es algo envidiable. Yo te admiro. Muaa

  2. Muchas gracias por tus palabras amiga y por apoyarme y valorarme. Un besazo 🙂

  3. Estoy muy orgullosa de ti. No dejes de vivir nunca. Te quiero.

  4. Gracias mi niña. Te quiero mucho
    Y gracias por ayudarme siempre

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